La Zanahoria Teatrera Presenta….


Marco teórico

Definiendo  el Proyecto La Zanahoria Teatera,
Educación y Comunicación Hortícola 


Introducción

Utilizo el concepto de “marco teórico” entendiendo por este la definición propuesta por Eduardo Sevilla en “De la Sociología Rural a la Agroecología” (2006) :

“Aquellos esquemas conceptuales explicativos, teoría o teorías, con sus respectivos abordajes metodológicos, que constituyen un conjunto de herramientas analíticas a través de las cuales se pretende explicar una parcela de la realidad social”.

Los 3 pilares que expongo a continuación son la base desde la que voy construyendo este proyecto, mi propia perspectiva teórica sobre la “educación y la comunicación hortícola” en la ciudad. Este concepto es definido por Sevilla como: “ideas, asunciones y enfoques teóricos y metodológicos que actúan como “marco de orientación” y guía al investigador cuando se enfrenta con el “problema” que estudia: son el conjunto de conocimientos que le han sido transmitidos sobre la parcela de la realidad que considera, junto con los valores, creencias y demás elementos vitales introducidos por quienes construyeron tales esquemas de interpretación”.


I.
La Educación Ambiental

“El niño es un excelente indicador de la calidad ambiental.
En las ciudades saludables y hermosas los niños juegan en las calles” (0)

El Teatrillo de la Zanahoria fue creado como un Recurso de Educación ambiental (EA), es decir un “medio material que se utiliza como soporte en el aprendizaje, con la finalidad de facilitarlo o estimularlo”(1). Por lo tanto, es una herramienta que tiene el objetivo de trabajar el cumplimiento de los objetivos de la EA, definidos a grandes rasgos en 1975 en la Carta de Belgrano.

Resumiendo mucho estos son: crear conciencia, formar, informar y transmitir conocimientos, desarrollar destrezas y aptitudes, promover valores, habilitar en la solución de problemas, definir criterios, normas de actuación y orientar los procesos de toma de decisión en temas de la relación humana con su medio, natural, rural y urbano.

No hay una única forma de hacer educación ambiental, ni recetas cerradas que aseguren el éxito. Es un proceso transversal y abierto mediante el cual se interactúa con muchos factores de los diferentes medios, por lo tanto, tampoco existe una única y absoluta definición de esta.

La Sociedad Catalana de Educación Ambiental SCEA define educación ambiental como “un proceso educativo que conduce a un mejor conocimiento y comprensión del medio y a una consecuente toma de actitudes responsables y coherentes para la protección y la mejora de este medio en toda la dimensión humana”(2). Por otra parte, Nicholas Smith-Sebasto establece 4 elementos constitutivos de la EA: fundamentos ecológicos, concienciación conceptual, investigación y evaluación de problemas y capacidad de acción (3), pilares que se puede decir serían la base de cualquier “receta” de educación ambiental.

La educación ambiental planteada como un proceso transversal a implementar en todo ámbito social, y puede ubicar su trabajo tanto en el ámbito de la educación formal (escolar), la no formal (extra-escolar o fuera del aula) y también informal (otras instancias de educación).

Por lo tanto, utilizando el Teatrillo de la Zanahoria como una herramienta, el proyecto de La Zanahoria Teatrera busca desarrollar el cumplimiento de los objetivos de la EA, trabajando en el ámbito formal, no-forma e informal de la EA y con el tema de la horticultura urbana como hilo conductor del trabajo educativo hacia la sostenibilidad.


II. Educar en Verde.

Existe una denominada “pedagogía verde” que se expone en el texto de Heike Freire, “Educar en Verde, Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza” (4). Luego de leerlo he extraído algunas citas que reflejan mi visión de la educación ambiental y la sostenibilidad, conceptos que ayudan a contextualizar y profundizar mi propuesta educativa en donde se incluyen también mis inquietudes personales de “ciudadana” del siglo XXI.

Ante el escenario de crisis socio-ambiental actual…

El continuo crecimiento de las ciudades, con la consiguiente absorción de recursos y distribución del medio ambiente, la creciente suburbanización del territorio y la despoblación de las zonas rurales, contribuyen a imponer el modo de vida urbano, en todos los rincones del planeta(5), borrando la tradicional dicotomía campo/ciudad. Los vínculos de las familias con la tierra también se debilitan: la mayor parte de la gente vive toda su vida en grandes poblaciones, y son cada vez menos los afortunados que disfrutan de un abuelo o una tía en el pueblo”.

“La mayoría de los jóvenes actuales, menores de 25 años (algunos de los cuales ya son padres o pronto lo serán), apenas han tenido experiencias en el campo; tal vez incluso nunca han jugado a construir cabañas en los árboles, ni a hacer colonia con pétalos de rosa… Y si son capaces de distinguir entre una encina y un roble, les ha faltado algo más profundo: la conexión con el origen de la vida, con la energía de la que procedemos y que nos constituye. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de toda una generación que ha perdido el contacto con la Tierra? ¿Es posible recuperar el tiempo perdido?. “Algunos están descubriendo la naturaleza precisamente gracias a sus hijos”, asegura Claire Warden (6), han visto en ellos esa necesidad y, al tratar de satisfacerla, se están ayudando a sí mismos”.

“Algunos urbanitas han sugerido que la conservación del entorno natural requiere actualmente su reintroducción en las ciudades: el reconocimiento de su inclusión y pertenencia al medio ambiente, y la necesidad de mejorar nuestra convivencia con las demás especies. Preservar islotes de vida salvaje, en parques y reservas, ya no resulta suficiente. Un entorno urbano saludable requiere la creación de pasillos verdes por donde pueda circular la diversidad biológica. Su propuesta consiste en renaturalizar las ciudades, para frenar la destrucción del planeta y satisfacer la necesidad humana de biofilia, aumentando nuestra sensación de enraizamiento en la naturaleza. Obviamente, va mucho más allá de la simple creación de parques y jardines, incluso del movimiento de ciudades sostenibles (generalmente centrado en aspectos más energéticos), y apunta hacia una nueva definición de la planificación urbana y la arquitectura mediante el respeto y la regeneración de los entornos naturales (7). También requiere un cambio en nuestra visión antropocéntrica del mundo para reconocer el valor y las capacidades de otras especies, así como su igualdad en dignidad y derechos”.

“A veces es posible revitalizar un área de la ciudad que parecía muerta o abandonada sólo con instalar en ella un programa de educación ambiental al aire libre, o cortar una calle de tráfico e introducir algunas mejoras que la hagan atractiva para los niños puedan volver a jugar en ella”.

La propuesta…

“(…) “Pedagogía verde”: una filosofía educativa que entronca la tradición humanista en ciencias sociales, y entiende metafóricamente al ser humano como una semilla o una planta que posee en su interior todo lo necesario para desarrollarse. Al igual que en la agricultura ecológica, la tarea educativa no requiere del uso de procedimientos violentos, como pesticidas, herbicidas o grandes podas, para “corregir” el crecimiento u obtener el máximo de rendimiento. Consiste más bien en un proceso orgánico de acompañamiento y coaprendizaje a través del cual el adulto cultiva también su propio interior, animado por valores de igualdad en dignidad y respeto, y la convicción de que la infancia tiene tanto que aportarnos como nosotros a ella.”

“Atenta a la naturaleza del niño y a la naturaleza que es el niño, la educación verde tienen en cuenta su necesidad de contacto con el mundo físico no humano para crecer saludablemente en todas sus dimensiones: corporal, emocional, social, intelectual y, también, espiritual. Mientras el enfoque convencional se centra, principalmente, en los aspectos cognitivos del ser humano, la orientación verde, también denominada eco-pedagogía(8), cultiva especialmente otras capacidades humanas como la intuición, las emociones y la sensibilidad, a través de las vivencias y experiencias concretas que se dirigen a la totalidad de la persona. Estimula un profundo sentido de conexión con la vida, con uno mismo y con los demás, fomentando la capacidad de empatía y la responsabilidad”.

“La pedagogía verde utiliza el paisaje como medio para acercarse a comprender el mundo, y promueve una actitud positiva, no culpabilizadota, de la ecología, que favorece el desarrollo de una auténtica conciencia ambiental”.


III. En busca de la verdadera Agri-Cultura y la soberanía alimentaria…

“Resulta curioso pensar que hoy en día, con todos los avances tecnológicos y la nuestra gran modernidad, todavía nos alimentamos con los mismos vegetales y con los mismos animales que nuestros antepasados domesticaron hace más de 10.000 años”(9). Esto demuestra que la “agricultura ha sido desde entonces y hasta la revolución industrial la actividad de la cual se van a desarrollar todas las culturas. Las religiones, las fiestas, los calendarios, la agricultura, la gastronomía, la moda…todo giraba en torno a los trabajos del campo” (10).

Estudié la carrera completa de Agronomía y, por lo tanto, conocí en profundidad los alcances de la industrialización del campo y por consiguiente del mundo rural. Me desilusioné fuertemente y me pre-frustré frente al futuro laboral que me esperaba en un país que intenta ser “potencia” agro-alimentaria de exportación de contra-estación, como es caso de Chile, mi país. Es por esto que la cita anterior me recuerda lo que conciente e inconsciente me movió a entrar a estudiar agri-cultura habiendo vivido siempre en una gran ciudad.

Como niña de ciudad casi no tuve contacto con la naturaleza, con el mundo rural y sus valores campesinos, aunque tengo que decir que mis abuelos hicieron su pequeño aporte. Con el paso del tiempo mi experiencia urbanita me llevó a una serie de búsquedas que me sacaron teóricamente de los límites de la ciudad y, poco a poco, unido a mi interés por la comunicación y educación ambiental, me han ido acercando a la información y los conocimientos con que “la todavía niña de ciudad” que sigo siendo, busca entender y posicionarse frente a la naturaleza de la que es parte.

De esta forma, dando vueltas y agradecida de las oportunidades que se me han presentado, he ido descubriendo las múltiples posibilidades de desarrollo que ofrece la Agroecología. Una ciencia social y al mismo tiempo de la tierra que se tiene que poner en práctica en el campo, pero que ofrece miles de posibilidades para los que vivimos en ciudad; que cultiva con su práctica los valores de respeto, igualdad y armonía que hemos perdido a medida que los huertos familiares y el auto-consumo se fueron progresivamente alejando de la ciudad industrial del siglo XX (en casi todo occidente), y la producción campesina va despareciendo en manos de la industria.

Así, la Agroecología definida en parte como: “el manejo ecológico de los recursos naturales a través de formas de acción social colectivas que presentan alternativas a la actual crisis de modernidad, mediante propuestas de desarrollo participativo (Sachs, 1992; Toledo, 1990) desde los ámbitos de la producción y la circulación alternativa de sus productos, pretendiendo establecer formas de producción y consumo que contribuyan a encarar la crisis ecológica y social, y con ello a restaurar el curso alterado de la co-evolución social y ecocológica (Norgaard, 1994)” (11), incluye a la finca, su organización comunitaria local, el conocimiento ancestral, indígena y campesino, es decir, conforma el contexto para que junto al poder del consumidor se desarrolle la soberanía alimentaria.

Este es un concepto amplio y complejo, tanto campesino como urbano, que incluye a productores y consumidores, una propuesta política, económica, social y ambiental de desarrollo humano. “La soberanía alimentaria es entonces el derecho de los pueblos, de sus países o unión de estados a definir su propia política agraria y alimentaria, sin que ninguno les imponga lo que hay que hacer. Son las personas, los pueblos, los que tienen que decidir a través de sus decisiones democráticas el que, como y que producen” (12).

Referencias

(0)  Antonella Prisco, compañera de trabajo de F. Tonucci,
autor de “La ciudad y los niños”, citado por Freire (2011)

(1) (2) Fora de Classe (2011), Guia de Criteris de Qualitat per a les Activitats d’educació ambiental, Edita Societat Catalana d’Educació Ambiental

(3) http://www.slideshare.net/matojo/definicion-y-principios-de-la-educacin-ambiental-b

(4) Freire, Heike (2011), Educar en Verde, Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza, Editorial Graó, Barcelona

(5) Más de la mitad de la población mundial reside actualmente en grandes urbes

(6) Waden, C.(2010), Nature Kinedrgartens, Edimburgo, Mindstretcher. Estractos de una entrevista con la autora

(7) Louv, R (2005), The last child…. p. 248

(8)Fernández,  A., Carta de la ecopedagogía, Granada,
Universidad de Granada (en prensa)

(9) (10) Escuitia, Montse (2009), L’Hort Escolar Ecològic, Editorial Graó, Barcelona

(11) Sevilla, Eduardo (2006), De la Sociología Rural a la Agroecología,
Editorial Icaria, Barcelona

(12) Qué es la soberanía alimentaria, Documentos de la Vía Campesina, 15-1-2003,
citado en  “No et mengis el món” Materials didàctics per al consum crític”,
Autor: Xarxa de Consum Solidari y Centre de Recurs Pedagògics L’Hospitalet de Llobregat


1 comentario so far
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Muy interesante!
Gracias por las citas y las referencias

Comentario por Pamela Torres




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